Reorientar la brújula

No podemos mirar para otro lado ante los grandes desafíos económicos. La lucha contra el cambio climático, la reducción de las desigualdades o la precariedad laboral deben situarse en el centro de la agenda, al mismo nivel que la mejora de la productividad o la modernización empresarial. Y la política fiscal debe servir para acometer estos retos, no para obstaculizarlos.

El trabajo, ese gran problema

El trabajo no tiene por qué seguir siendo “ese gran problema” que experimentan diariamente millones de españoles. Pero no dejará de serlo si seguimos insistiendo en el mismo tipo de políticas económicas que nos han traído hasta este punto.

Pedro Sánchez y el trilema de la voluntad política

Rara vez se consolidaron en el pasado avances democráticos y victorias progresistas haciendo compatibles todos los intereses de forma simétrica y simultánea. La balanza siempre tiende a inclinarse a un lado o a otro –el péndulo del capitalismo, del que habla Paul De Grauwe, oscila entre el libre mercado y la regulación pública–. El reto que tenemos hoy en España, y en la Europa periférica, es ser capaces de decantar dicho péndulo del lado del progreso social.

Cuando el futuro parecía mejor

Hubo un tiempo de horizontes de progreso, de conciencia y aspiración a favor de una construcción colectiva del porvenir. Un tiempo en el que las organizaciones obreras caminaron junto a millones de personas, hasta empujar y traspasar la frontera de lo posible. De aquel tiempo –en el que la perspectiva se orientaba a la superación del modelo socioeconómico– nos habla el último libro publicado por Enrique Palazuelos ( Cuando el futuro parecía mejor. Auge, hitos y ocaso de los partidos obreros en Europa, Editorial Akal).

El eterno retorno de la fragilidad financiera

Hemos trasladado el problema del endeudamiento al futuro, sin abordarlo de manera decisiva. Y el futuro se acerca. Peter Praet, economista jefe del BCE, dijo en una ocasión que “cuando acabe el quantitative easing, los Gobiernos serán responsables de su deuda”. Serán responsables también de otras dos cosas: de no haber tomado medidas para reestructurar y reabsorber dichas deudas, evitando con ello la fragilidad sistémica, y de no haber sustituido un modelo de crecimiento basado en el crédito por otro más sostenible construido, por ejemplo, sobre un crecimiento suficiente de los salarios.

Nueva política económica y cambio climático

El cambio climático es un reto que no puede ser abordado como “un apartado más” en los diseños y programas de política económica que se hagan para España en los próximos años. Debe ser el eje sobre el que se vertebre el resto de políticas económicas. Nos jugamos la sostenibilidad del planeta y la propia supervivencia de la especie.

Que España funcione

Hay algo en España que no funciona, que debemos arreglar. Se ha roto el vínculo entre crecimiento económico y progreso social. Nuestro país crece en este momento por encima de la media europea, y sin embargo el 70% de los hogares, según el Informe FOESSA, no percibe efectos positivos de la recuperación de la actividad económica. Es más, a 13 millones de personas (el 28% de la población española) este crecimiento no les dice nada: siguen en riesgo de pobreza o exclusión social.

Terminar con la precariedad

La excesiva temporalidad existente en el mercado de trabajo español es, junto con la parcialidad, la principal causa de la precariedad laboral, y explica en buena medida los salarios de miseria que hoy reciben millones de asalariados.